Sitios a visitar.
Feb. 12th, 2012 | 12:22 am
music: Fernando Milagros - Carnaval (feat Christina Rosenvinge)
Caí dentro del Carnaval de La Tirana, entre el tumulto de personas, plumas, y acordes hipnóticos y me pasaban un vaso de barro y me acuerdo de girar todo el rato.
Yo no soy un latino de enseñar pecho tras la camisa desabrochada, pero esa noche sí, tenía el pecho al descubierto porque se me salía.
No era por nada, por eso fue tan bueno.
Yo no soy un latino de enseñar pecho tras la camisa desabrochada, pero esa noche sí, tenía el pecho al descubierto porque se me salía.
No era por nada, por eso fue tan bueno.
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(no subject)
Mar. 26th, 2011 | 02:57 am
music: Only you can make you happy - Au revoir Simone
Quién no querría bailar desnudo bajo la luna rodeado de afectos que también bailan debajo de la luna, desnudos, con la misma naturalidad de quien se limpia el culo, sola, en su baño, a primera hora de la mañana.
Y, sin embargo, pocos lo hacen.
Y, sin embargo, pocos lo hacen.
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Cómo contener tanto tiempo...
Mar. 26th, 2011 | 02:51 am
Qué lástima todas esas cosas que no se hacen porque alguien nos ve, porque alguien podría entrar por la puerta.
Y jódete. Porque perder ese tipo de cosas es como para joderse.
Y jódete. Porque perder ese tipo de cosas es como para joderse.
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Y te fuiste.
Jan. 26th, 2009 | 11:41 am
music: La cantina.
Sabía que te irías, y desde hace una semana sabía que te irías ahora. Y te fuiste.
Nadie se lo esperaba, estabas mejor, pero a mi se me metió en la cabeza que te hartarías pronto y que querrías irte y que lo conseguirías.
Me siento perdido, pues por saerlo antes, ahora no sé como reaccionar.
Nadie se lo esperaba, estabas mejor, pero a mi se me metió en la cabeza que te hartarías pronto y que querrías irte y que lo conseguirías.
Me siento perdido, pues por saerlo antes, ahora no sé como reaccionar.
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Los Muchos
Dec. 27th, 2008 | 02:00 am
music: High places - from Stardust
Una gruesa funda de osito, alimentada de amor, roida en su interior por la ardilla que encierra.
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Quizás..
Dec. 27th, 2008 | 01:57 am
music: High places - Gold Coin
Soy un ser asocial enamorado de su gente.
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Cosas tontas, cosas ciertas.
Oct. 22nd, 2008 | 04:50 pm
music: Stereolab
Para patear el culo al miedo, el miedo ha de estar presente.
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Héroes
Oct. 22nd, 2008 | 04:42 pm
music: José Gonzalez - In Our Nature
Entiendo la humildad, hoy en día, casi como un acto heróico.
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REHENES
Oct. 22nd, 2008 | 04:40 pm
music: Air
El día que Lidia decidió suicidarse me comí seis helados de chocolate seguidos. Estaba viendo la tribu de los Brady cuando me enteré. Me gusta esa serie porque todos son muy felices, extremadamente felices, increíblemente felices. Es algo así cómo los prestidigitadores del circo. En el fondo nadie cree en ellos pero todos preferimos hacernos un poco los tontos, es mucho mejor, más bonito. ¿A quien coño le importa de dónde sale el conejo?, el conejo sale y tu aplaudes y nos vamos contentos a casa. Mucho mejor. Yo quiero creer en los Brady, quiero creer que viven en cualquier parte rebosantes de felicidad y sonriendo hasta a las piedras. Pues eso, estaba viendo los Brady y justo en el descanso sonó el teléfono. Un amigo afectadísimo me contó que Lidia se había suicidado. Se quedó muy satisfecho de sí mismo porque yo le dije que no lo sabía y que era la primera noticia que tenía de ello y colgó rápido porque con suerte aún podría arruinar la tarde a cualquier otro amigo.
A mi no me arruinó la tarde, fue ella quién se puso la pistola en la boca, la cuchilla sobre la muñeca o la soga al cuello. Si no hubiese sido ella, sino otra persona, se me habría arruinado la tarde y habría sido una desgracia y lloraría y me cagaría en Dios, y gritaría lo injusta que es la vida. Pero por suerte no fue una desgracia, y digo por suerte porque no me gusta llorar, ni cagarme en Dios, ni recordar lo injusta que es la vida. Solo fue una opción y yo no soy lo suficientemente listo como para discutir las opciones importantes de la gente, y mucho menos las de Lidia, que aún por encima es muy amiga mía.
Cuando acabaron los Brady me puse guapo y fui al hospital para asegurarme de que Lidia estaba bien muerta porque uno no se cree del todo las cosas hasta que las tiene delante de sus ojos y yo no quería pasarme diez años pensando en si volvería algún día. Me puse guapo y fui a verla o a no verla.
Lidia bailaba muy bien. Una noche de Agosto, en la verbena de un barrio que no recuerdo, me pillé la borrachera más grande de mi vida. No suelo beber mucho pero esa noche me regalaban un beso por cada copa que engullía y eso no me pasa todos los días así que las engullía todo lo rápido que podía. Fue una noche como las noches de Agosto en cualquier verbena, pero yo recibí muchos besos y bebí muchas copas. En un carrito de una gitana muy guapa y rara compré una piruleta enorme de color rojo. Se la regalé a Lidia y ella, a cambio, me enseñó un paso de baile de esos como los de los concursos de la tele en los que regalan siempre el mismo coche y la misma casa. Lo cogí rápido. La verdad es que se me da muy bien bailar.
En el tanatorio del hospital nadie sabía nada de Lidia porque resulta que Lidia no se había suicidado. Me lo contó su padre, un buen hombre algo cansado. Estaba sentado fuera fumando, él solo. Me dijo que Lidia se estaba recuperando. Su hermana entró antes de que acabase de tragarse todas sus pastillas. Me sentí raro, pero me sentí menos raro que cuando la vi en la cama mirando a la pantalla del televisor. Parecía un resto de algo. El Telediario se había terminado.
Lidia no se había suicidado. No se tomó todas las pastillas, sino la mitad, ue así que solo se murió a medias. Por eso ahora se sentía mucho peor que antes. No es fácil estar vivo, y supongo que tampoco será fácil eso de estar muerto, pero, desde luego, parece mucho más difícil ser las dos cosas al mismo tiempo.
La hermana no se explicaba en qué podría estar pensando Lidia con tantas pastillas en la mano. La hermana da las gracias a Dios por devolverla al sitio adecuado justo a tiempo. Lidia mira a su hermana y no entiende porqué le ha hecho esto.
Un mes después Lidia pudo volver a casa y los viernes iba a ver a un tipo muy simpático. Uno de esos que aman la vida y hablan de perros y viajes preciosos. Lidia está cansada y medio muerta y cuando se está así ni siquiera te apartas los mosquitos, aunque te estén dejando seco, así que Lidia iba todos los viernes y escuchaba al tipo que conocía todos los trucos del juego.
Dicen que ahora está en un sitio muy bonito y muy verde. Su padre me dijo que no pueden visitarla tanto cómo quisiesen pero que por lo menos allí está muy bien cuidada. Su padre está muy triste, y mucho más cansado, y no entiende a su hija y eso duele dentro.
Aquel tipo tan simpático no pudo ayudarla.
Un Sábado Lidia veía cómo su hermana trataba de coger un calcetín amarillo del tendal. El calcetín era difícil de alcanzar así que ella se asomó todo lo que pudo con tan mala suerte que perdió el equilibrio y se quedó colgada de la ventana con una sola mano. Lidia se asomó a la ventana, despacio porque estaba medio muerta, y miró a su hermana. Ella solo gemía, miraba hacia arriba y hacia abajo y volvía a gemir porque no era capaz de pronunciar ninguna palabra. Lidia no sabía que le intentaba decir su hermana así que preguntó:
.-¿Quieres ayuda?
La hermana la miró desesperada y volvió a mirar abajo y a gemir y a llorar, pero no decía nada sobre ningún tipo de ayuda.
El entierro de su hermana fue extraño, una muerte extraña. No fue mucha gente y la que lo hizo miraban a Lidia buscando una explicación. Yo estaba a su lado ese día. Le dije que no se preocupase, que siempre hay algún idiota aburrido que no sabe qué hacer con sus Domingos.
Ella miraba el agujero en el suelo y cuando ya no había nada más que hacer allí dijo:
.-Solo tenía que habérmelo pedido y le habría ayudado. Las cosas se hacen así. Si quieres ayuda la pides y si no la quieres me vuelvo a mi cuarto.
A mi no me arruinó la tarde, fue ella quién se puso la pistola en la boca, la cuchilla sobre la muñeca o la soga al cuello. Si no hubiese sido ella, sino otra persona, se me habría arruinado la tarde y habría sido una desgracia y lloraría y me cagaría en Dios, y gritaría lo injusta que es la vida. Pero por suerte no fue una desgracia, y digo por suerte porque no me gusta llorar, ni cagarme en Dios, ni recordar lo injusta que es la vida. Solo fue una opción y yo no soy lo suficientemente listo como para discutir las opciones importantes de la gente, y mucho menos las de Lidia, que aún por encima es muy amiga mía.
Cuando acabaron los Brady me puse guapo y fui al hospital para asegurarme de que Lidia estaba bien muerta porque uno no se cree del todo las cosas hasta que las tiene delante de sus ojos y yo no quería pasarme diez años pensando en si volvería algún día. Me puse guapo y fui a verla o a no verla.
Lidia bailaba muy bien. Una noche de Agosto, en la verbena de un barrio que no recuerdo, me pillé la borrachera más grande de mi vida. No suelo beber mucho pero esa noche me regalaban un beso por cada copa que engullía y eso no me pasa todos los días así que las engullía todo lo rápido que podía. Fue una noche como las noches de Agosto en cualquier verbena, pero yo recibí muchos besos y bebí muchas copas. En un carrito de una gitana muy guapa y rara compré una piruleta enorme de color rojo. Se la regalé a Lidia y ella, a cambio, me enseñó un paso de baile de esos como los de los concursos de la tele en los que regalan siempre el mismo coche y la misma casa. Lo cogí rápido. La verdad es que se me da muy bien bailar.
En el tanatorio del hospital nadie sabía nada de Lidia porque resulta que Lidia no se había suicidado. Me lo contó su padre, un buen hombre algo cansado. Estaba sentado fuera fumando, él solo. Me dijo que Lidia se estaba recuperando. Su hermana entró antes de que acabase de tragarse todas sus pastillas. Me sentí raro, pero me sentí menos raro que cuando la vi en la cama mirando a la pantalla del televisor. Parecía un resto de algo. El Telediario se había terminado.
Lidia no se había suicidado. No se tomó todas las pastillas, sino la mitad, ue así que solo se murió a medias. Por eso ahora se sentía mucho peor que antes. No es fácil estar vivo, y supongo que tampoco será fácil eso de estar muerto, pero, desde luego, parece mucho más difícil ser las dos cosas al mismo tiempo.
La hermana no se explicaba en qué podría estar pensando Lidia con tantas pastillas en la mano. La hermana da las gracias a Dios por devolverla al sitio adecuado justo a tiempo. Lidia mira a su hermana y no entiende porqué le ha hecho esto.
Un mes después Lidia pudo volver a casa y los viernes iba a ver a un tipo muy simpático. Uno de esos que aman la vida y hablan de perros y viajes preciosos. Lidia está cansada y medio muerta y cuando se está así ni siquiera te apartas los mosquitos, aunque te estén dejando seco, así que Lidia iba todos los viernes y escuchaba al tipo que conocía todos los trucos del juego.
Dicen que ahora está en un sitio muy bonito y muy verde. Su padre me dijo que no pueden visitarla tanto cómo quisiesen pero que por lo menos allí está muy bien cuidada. Su padre está muy triste, y mucho más cansado, y no entiende a su hija y eso duele dentro.
Aquel tipo tan simpático no pudo ayudarla.
Un Sábado Lidia veía cómo su hermana trataba de coger un calcetín amarillo del tendal. El calcetín era difícil de alcanzar así que ella se asomó todo lo que pudo con tan mala suerte que perdió el equilibrio y se quedó colgada de la ventana con una sola mano. Lidia se asomó a la ventana, despacio porque estaba medio muerta, y miró a su hermana. Ella solo gemía, miraba hacia arriba y hacia abajo y volvía a gemir porque no era capaz de pronunciar ninguna palabra. Lidia no sabía que le intentaba decir su hermana así que preguntó:
.-¿Quieres ayuda?
La hermana la miró desesperada y volvió a mirar abajo y a gemir y a llorar, pero no decía nada sobre ningún tipo de ayuda.
El entierro de su hermana fue extraño, una muerte extraña. No fue mucha gente y la que lo hizo miraban a Lidia buscando una explicación. Yo estaba a su lado ese día. Le dije que no se preocupase, que siempre hay algún idiota aburrido que no sabe qué hacer con sus Domingos.
Ella miraba el agujero en el suelo y cuando ya no había nada más que hacer allí dijo:
.-Solo tenía que habérmelo pedido y le habría ayudado. Las cosas se hacen así. Si quieres ayuda la pides y si no la quieres me vuelvo a mi cuarto.